Archive for the ‘Gráfico’ Category

You are currently browsing the archives for the Gráfico category.


Entrevista a Ian Anderson para Experimenta Design

ian_tdr2089_copy-200x132

Fundó The Designers Republic en 1986. Este año ha pegado el cerrojazo al que fuera uno de los estudios de comunicación visual más influyentes de las dos últimas décadas para empezar a hacer otras cosas que le apetecen más, entre otras ser el director creativo de la bienal portuguesa de diseño Experimenta Design que celebra su próxima edición a partir de este septiembre. Aquí va la entrevista publicada en el blog de la bienal realizada con mi colaboración en calidad de “preguntona”.

Read the rest of this entry »

Exposiciones sobre diseño sí, pero ¿dónde?

expo-mm-pompidou

Cuando viajo y veo exposiciones sobre diseño con un contenido de quitarse el sombrero suelo preguntarme por qué no vienen a España. Una vez alguien me comentó que traer ciertas exposiciones resulta más caro que montar una desde cero. Además ¿tiene el diseño que exhibirse como si se tratara de arte contemporáneo? La cosa tiene miga. El diseño no es arte, así que exhibirlo en los circuitos del arte contemporáneo parece no tener mucho sentido. Por otro lado, el diseño marca la pauta de nuestro mundo objetual siendo a su vez una de las profesiones creativas más prolíficas. Un mundo creativo que puede resultar para algunas personas hasta más fascinante que el artístico. Público interesado lo hay, no hay más que ver cómo están de gente los festivales sobre diseño.

La profesión necesita además una campaña de difusión didáctica que, entre otras cosas, acabe de una vez con la errónea concepción de que ciertas cosas son “de diseño”. A menudo leo o escucho en los medios de comunicación que una lámpara, una casa o un restaurante son “de diseño”, sólo porque son extravagantes o caros. Fuera de la profesión no se entiende en qué consiste el diseño. Una labor didáctica mediante exposiciones es también urgente y necesaria. Pero ¿DÓNDE?

Leyendo hace tiempo una entrevista al nuevo director del Museo Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, me preguntaba si tendría intención de dar más cancha al diseño. Me vinieron a la mente exposiciones como Signos del Siglo, una muestra que ésta institución dedicó en el año 2000 al diseño gráfico español del siglo XX. Después de varios días con el tema en la cabeza decidí preguntárselo. “La voluntad de un museo contemporáneo es hacer que se entienda mejor el mundo en el que vivimos”, me dijo. “El diseño, que forma parte consustancial del mundo que nos rodea, tiene que ser también entendido, a veces de un modo aislado, a veces en conjunción con otras disciplinas. Así que es algo que vamos a considerar, igual que la arquitectura, y que estarán integrados en el proyecto de exposiciones”.

Que esto ocurra no creo que sorprenda a nadie. Muchos museos de arte contemporáneo tienen plenamente integrado el diseño en su programa de exposiciones. Existen también museos específicos sobre diseño. Pero aún así, la duda sobre cuál es un lugar adecuado para la exhibición del diseño plantea disparidad de opiniones. Alberto Corazón, uno de los comisarios de la muestra Signos del Siglo, me comentaba al respecto que para él el lugar más adecuado para exhibir el diseño son los museos de artes decorativas. “En estos museos, el diseño se muestra de manera aislada. Sin embargo, si se mostrara en los museos de artes decorativas estaría arropado por un contexto pues estos se ocupan de nuestro repertorio objetual. Es necesario plantear una reflexión integradora entre lo artesano y lo industrial”, me decía.

A lo largo de este año, la Sociedad Estatal para el Desarrollo del Diseño y la Innovación (ddi) ha contado con una sala en el Círculo de Bellas Artes de Madrid en la que viene realizando exposiciones con un alto contenido didáctico con las que se pretende dar a conocer los valores del diseño. ¿Cuánta gente se habrá preguntado qué pinta esto aquí? Suena fatal, pero a mí me da igual dónde sea mostrada una exposición sobre diseño. Que esté en el Reina Sofía, en el Círculo de Bellas Artes o en un museo de artes decorativas es lo de menos si el contenido es bueno. He visto exposiciones fascinantes en el Pompidou o en el Palais de Tokyo de París, en la Triennale de Milán, en el Design Museum de Londres, en el MoMA, en el Colegio de Arquitectos de Madrid, en la cripta del FAD de Barcelona y hasta en garajes. Estoy de acuerdo con Alberto Corazón en que los museos de artes decorativas deberían plantearse introducir el diseño porque sería su evolución natural. Pero quizá tendrían que cambiarse de nombre porque el diseño ni es arte ni es meramente decorativo. Más allá de esto, no veo problema en que el diseño pueda ser mostrado en otro tipo de espacios mientras se haga con coherencia y con un concepto desarrollado adecuadamente. Quizá para mí el debate no es dónde sino cómo, pues personalmente sólo me he preguntado qué hace esto aquí cuando el contenido era pésimo o tenía un enfoque inapropiado.

Publicado en Disenart

Operación micro-casa

recibidoor

Como un equipo de fútbol o un grupo de ejecutivos en una de esas concentraciones que organizan las empresas para fomentar el corporativismo. Así estuvieron durante una semana un grupo de jóvenes, ganadores o seleccionados en los Premios INJUVE para la Creación Joven, buscando soluciones para un mejor aprovechamiento del espacio en una casa de pequeñas dimensiones.

Era la primera vez que INJUVE organizaba un laboratorio de este tipo. Siete días de concentración absoluta en el Centro Eurolatinoamericano de Juventud, CEULAJ, del que dispone esta institución para sus actividades en la localidad de Mollina. Un lugar aislado en un pueblito mínimo malagueño en el que no tenían que preocuparse por nada más que estar dándole a la neurona. El laboratorio estaba planteado como un ejercicio de exploración. Se trataba de buscar soluciones nuevas o de abrir vías de investigación. Una de las ideas más trabajadas fueron los híbridos, productos 2 en 1 que unificando dos objetos ayudan a obtener más espacio. También la recuperación y actualización de piezas o prácticas tradicionales con usos que aún hoy resultan útiles y que no se entiende por qué han ido desapareciendo.

Algunos participantes eran diseñadores industriales, otros procedían del mundo gráfico, de la arquitectura o del arte. Del lado de los tutores, algunos viejos conocidos como los diseñadores Alberto Lievore o Héctor Serrano. También la diseñadora establecida en Milán Mercedes Jaén y el profesor Manuel Martínez Torán de la Universidad Politécnica de Valencia, todos ellos dirigidos por Marcelo Leslabay.

Lo más curioso de este workshop fue ver cómo junto a los productos hechos y derechos que planteaban los diseñadores industriales surgían otras propuestas que iban más allá de los objetos. Los proyectos de quienes venían de otros mundos ajenos al diseño industrial aportaron mucha frescura, con esa ingenua osadía o ignorancia del intruso que se mete en un mundo que no es el suyo. Durante una semana, los participantes estuvieron trabajando en sus proyectos hasta doce y quince horas diarias, como si para un cliente real se tratara. Como observadora invitada al tinglado, doy fe. Lo que iba a ser un taller experimental se terminó convirtiendo en una experiencia extrema pues los participantes se involucraron a tope, posiblemente más de lo esperado.

Cuando llegué al CEULAJ el taller llevaba cuatro días en marcha. Al entrar en el aula en el que el equipo estaba trabajando, sentí una atmósfera muy espesa. Cabezas bajas concentradas en un bloc de dibujo o en la pantalla de un ordenador. Caras de desidia con la mirada perdida. Corrillos discutiendo ideas. Manos intentando dar forma con papeles a un prototipo de lo más cutre. Como cada final de tarde, el grupo puso en común el estado en que se encontraba la idea en la que cada uno estaba trabajando. La empanada mental era general pero al parecer sólo yo, el elemento que venía del exterior, me daba cuenta. Aquellos cuatro días de concentración trabajando a destajo los habían descentrado, y hasta trastornado en algunos casos. Algunos habían encontrado el camino que querían explorar. Después de haberse adentrado, un profesor o un propio compañero los había disuadido de la idea y vuelta a empezar. Otros aún no sabían por dónde tirar y la presión del tic tac del cronómetro les tenía paralizados. Otros estaban enrocados en una idea que sólo ellos veían viable y se habían aislado. La fórmula concentración + aislamiento no funcionaba igual con todos. A los más dispersos les ayudó a centrarse. Pero la bombilla no se encendía para quienes tenían un carácter más individualista o no estaban acostumbrados a trabajar con una fecha de entrega. Por otro lado, el exceso de concentración terminó paradójicamente descentrándolos y convirtiendo sus ideas en irreales. Aquel ambientazo pedía a gritos un punto de inflexión. Habían llegado al nivel máximo de concentración, por eso parecían tan empanados. Aquella noche no se trabajó. Hubo confraternización total con el pueblo de Mollina y con el bar de su alcalde. Y hasta aquí puedo leer.

Aunque me fastidie hacer esta comparación, emocionalmente el taller parecía una especie de Operación Triunfo del diseño. Todo eso que cuentan los triunfitos de que las emociones se multiplican cuando uno está aislado se vivió igual en Mollina. Su mundo se redujo a un recinto en el que sólo se comunicaban con sus compañeros y sus profesores. Desayunaban, comían y cenaban juntos. Las conversaciones giraban todas en torno a lo mismo. Perdieron la noción del espacio y del tiempo, por eso trabajaban tantas horas. Si su estado emocional estaba así de alterado sólo en cuatro días, ahora entiendo por qué los participantes de Operación Triunfo lloran tanto. Una semana más así, trastorna a cualquiera. Una vez desfogados y desbloqueados, la recta final del taller fue más fluida. Las ideas fueron tomando forma conceptual y física. Los tutores dieron sus últimos toques maestros a quienes todavía no terminaban de visualizar claro y meridiano. Después, trabajar y pulir la estética les resultó, con diferencia, mucho más sencillo. La sorpresa llegó el último día. Lo que en principio se planteó como un taller terminó obteniendo una subvención para la fabricación de los prototipos que se mostrarían en una exposición, que se puede ver estos días y hasta el 19 de julio en Amadís, la sala de exposiciones del INJUVE en Madrid. Los proyectos de este laboratorio, más que el resultado de un taller, parecen productos reales.

Attua Aparicio, después de darle vueltas a un montón de ideas diferentes, vio la luz prácticamente en la recta final del laboratorio. Se centró en uno de esos espacios que ha desaparecido con el efecto menguante de las casas: el recibidor. La idea de Attua fue convertir la propia puerta de la calle en un recibidor, es decir, en un Recibidoor (en la imagen). Utilizando la técnica de fusionar dos elementos, diseñó una puerta dotada de cajones y espejos que funciona a la vez como puerta y como armario recibidor.

Guillem Ferran también tiró por el camino de crear un objeto que integrara dos funciones: un tendedero que se convirtiera en una silla. Era uno de los pocos que tenía la idea clara, con más o menos interferencias, pero sufrió lo suyo hasta que consiguió darle forma física.

Cristina Toledo investigó cómo aprovechar los espacios muertos creando un módulo de almacenaje para las esquinas superiores. El módulo tiene forma de triángulo de manera que además reconfigura el espacio dotándole de una geometría particular. El proyecto lo ha llamado Castigado al rincón!! pues está pensado para almacenar aquellos objetos de uso no cotidiano.

Saioa Olmo trabajó el mundo de las percepciones. Su formación en Bellas Artes quizá fue lo que le llevó a trabajar con efectos ópticos de luz, color y perspectiva más que con volúmenes, proponiendo un papel pintado en degradado que incrementa la sensación de amplitud de un espacio. Este quizá fue el “intrusismo” con el resultado más interesante de todo el laboratorio.

Luis Calabuig, de estudio valenciano Odosdesign, generó una tipología nueva de mobiliario. En los espacios pequeños la mesa del comedor se usa para todo, especialmente para trabajar con el ordenador portátil. Para no tener que estar despejándola constantemente, Calabuig ideó un módulo auxiliar que por un lado sirve como contenedor y repisa mientras que por otro oculta y protege lo que estábamos haciendo sin necesidad de tener que quitarlo a la hora de comer. Table over table es un módulo con ruedas que se puede acoplar a mesas de ancho y altura estándar y que también funciona como repisa independiente.

Uno de los participantes que lo tenía más complicado en este taller al ser diseñador gráfico era Romualdo Faura pues tenía que cambiar totalmente el chip y empezar a pensar en tres dimensiones. Sin embargo resolvió el encargo de una manera muy brillante rescatando una de esas tradiciones tan útiles que uno muchas veces se pregunta por qué se han perdido. Romualdo explicó que cuando era niño su madre utilizaba lana para crear una especie de riego por goteo que mantuviera las plantas hidratadas mientras estaban de vacaciones. Faura rescató esta idea y generó un jardín vertical. Un panel con maceteros que lleva integrado este sistema de riego por exudación a través de hilos de algodón trenzados. Al ser vertical permite aprovechar el espacio de una pared. Los maceteros además se acoplan al panel mediante un sistema de imanes así que se pueden ir cambiando de sitio.

También Borja García rescató un elemento tradicional y buscó la manera de aprovechar mejor el espacio. Inspirándose en los paneles de herramientas de los talleres, creó un sistema de almacenaje vertical utilizando lamas venecianas donde todo queda a la vista como en una antigua cocina mediterránea.

Rubén García-Castro trabajó cómo mejorar la creación de ambientes en un espacio pequeño. Diseñó un biombo de instalación lateral fija que se despliega y recoge fácilmente como si se tratara de una pantalla de proyección. Llega hasta el otro lado de la pared, donde con un sistema de potentes imanes se puede anclar en diferentes puntos creando diferentes separaciones espaciales.

Luis Eslava, que durante el laboratorio desarrolló un taburete que a su vez funcionaba como pecera, propuso otro objeto más que ideó en los meses posteriores al taller. Tomando la forma y la función de las típicas huchas de cerdito creó un objeto que, en lugar de ahorrar dinero, ahorra agua. La Marrana sirve para almacenar el agua sobrante de las comidas para que pueda ser utilizada después para regar las plantas.

Otros que desarrollaron sus propuestas tras el taller fueron Patricia Meneses y Paco Caballero. La primera creó un objeto con aspecto de sábana que durante el día se ha de cargar de energía en el tendedero. Por la noche se mete dentro y funciona como lámpara solar. Paco Caballero buscó una fórmula para obtener intimidad en un espacio pequeño con una lámpara de enormes flecos que funciona a modo de burbuja.

Publicado en Visual