
El pasado abril, un grupo de diseñadores convirtió durante tres días el Spazio Fendi de Milán en un lugar para la performance. Es lo último en design-art, la creación en vivo.
El design-art, esa disciplina a medio camino entre el diseño y el arte, avanza a pasos de gigante ajena a las críticas de sus detractores, y eso que aún ni siquiera está claro qué es. La propia profesión del diseño no se pone de acuerdo en dar una definición clara. Pero ya hay escuelas especializadas en disparar diseñadores-artistas al mundo. Quizá no se sabe cómo definirlo, pero sí se sabe distinguirlo. Desde un punto de vista cultural, se considerarían design-art aquellos proyectos realizados por diseñadores con una aproximación artística o de investigación, algo natural debido a que el diseño implica un ejercicio constante de creatividad e innovación. Por otro lado, estaría la definición más dura: Aquellas piezas concebidas por diseñadores en nombre de la experimentación que se venden en ediciones limitadas e incluso se subastan por un ojo de la cara. La primera hace una aproximación cultural. La segunda, una comercial ¿Cuál es la más certera? Una mezcla de las dos, quizá.
Design Miami es un evento sobre piezas de diseño en ediciones limitadas que nació hace cinco años al calor de las galerías de diseño y el design-art. Reúne cada seis meses a las galerías, los coleccionistas y los diseñadores más importantes, celebrándose en junio en Basel (Suiza) y en diciembre en Miami. Se trata de una feria en la que se venden diseños clásicos y actuales, ya sean piezas únicas o ediciones limitadas, siguiendo el mismo esquema comercial que una feria de arte. Por eso en Europa se hace coincidir con la feria Art Basel. Además, este evento promovido por la jovencísima Ambra Medda, contempla la celebración de debates y otras actividades expositivas no comerciales. Congrega a críticos, diseñadores y comisarios a analizar la situación actual del diseño.
Esta performance que se pudo ver en el Spazio Fendi de Milán durante la pasada edición del salón del mueble de la ciudad, la feria de este tipo más importante del mundo, fue una actividad promovida por Design Miami. La idea era poner a trabajar a una serie de diseñadores de marcado perfil artístico con materiales de desecho de la firma de moda Fendi, principalmente con piel pero también podían usar cualquier otro material que pillaran por la azienda. Como premisa, trabajar de manera artesanal y con las manos. No era la primera vez que Design Miami realizaba una performance de este tipo, pero sí la primera vez que lo hacía fuera de sus territorios habituales, Basel y Miami. La actividad se denominó Craft Punk, algo así como artesanía punki. Con este apelativo, la organización de Design Miami no pretendía establecer que las piezas salidas de esta performance siguieran una estética punki sino más bien promover un clima y un espíritu de rebeldía así como una búsqueda de la belleza en lo imperfecto frente a la uniformidad de las producciones en serie.
Durante tres días, el Spazio Fendi de Milán abría sus 750 m2 a este grupo de diseñadores que de cuatro a ocho de la tarde trabajaban en vivo en sus proyectos. Además, como si se tratara de unas convivencias, los diseñadores también se alojaban allí en un espacio anejo. Este nutrido grupo de diseñadores estaba formado, entre otros, por algunos muy conocidos ya como Raw-Edges, Peter Marigold y el español Nacho Carbonell (en la imagen). Casi todos han pasado por estas escuelas que parecen haberse especializado en formar a diseñadores-artistas. La mayoría han estado en el Royal College of Art londinense. Otros, como Carbonell, en la de Eindhoven (Holanda). Estas escuelas potencian la formación del diseñador como creador y figura independiente. Hacen mucho hincapié en la experimentación y en la innovación, quizá peligrosamente más que en la formación técnica. Por eso, gran parte de los jóvenes diseñadores que están en el mundo del design-art proceden de estas escuelas. La formación de estos centros está ahora en entredicho. Si hasta hace unos años se decía que los límites entre el diseño y arte se estaban difuminando, es curioso comprobar cómo hoy empieza a ocurrir justo lo contrario. Cada vez los límites están mas marcados y son los propios diseñadores de oficio los que están delimitando su terreno. Mientras estos trabajan para la industria, los otros lo hacen para el mercado del arte. Ahí es sencillamente donde reside la diferencia entre unos y otros. Pocos diseñadores-artistas trabajan para la industria. O no tienen intención de hacerlo o no lo consiguen.
Nacho Carbonell, que era la representación patria en esta perfomance, se formó en Valencia pero vive en Eindhoven y trabaja junto con otros creadores en una antigua iglesia reconvertida en taller. Carbonell llamó la atención de la prensa internacional en 2007 con sus proyectos de graduación “Dream of Sand” y “Pump It Up”, por lo que finalmente se graduó cum laude en Eindhoven. El primero, unos asientos para exterior generados con goma y tierra que simulan volúmenes de tierra de verdad. El segundo, una butaca elástica e inflable que cuando te sientas en ella redistribuye el aire que produce la presión de tu peso por unos tubos que a su vez inflan unas piezas con forma de mascota doméstica. En Craft Punk, Nacho Carbonell ideó unas criaturas que llamó Bestias. Usando solamente una grapadora y unos moldes hechos a mano creó a lo Dr. Frankenstein unas particulares criaturas usando desechos de piel de Fendi. También con este tipo de retales, Peter Marigold creó unas mesas con un tablero hecho de piezas forradas de piel de diferentes colores que visto desde arriba parece la foto aérea de un paisaje.
Además, destacaron las piezas que desarrollaron Raw-Edges, un dúo israelita integrado por Yael Mer y Shay Alkalay salido del Royal College of Art. Apropiándose de una técnica que se usa mucho en la moda plegaron hojas de Tyvek, un material sintético compuesto por fibras de polietileno que se asemeja a una tela, y rellenaron el volumen conseguido con espuma de poliuretano para crear unos asientos blanditos. Asimismo, el coreano Kwangho Lee trenzó un sofá con una manguera y la danesa Sarah Becker diseñó unos accesorios de moda con piel, perlas y cadenas desechadas.
Publicado en Spy
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